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La Separacion del Cielo y la Tierra

En el comienzo no había separación entre Orum (el cielo de los Orixás) y Aiê ( la Tierra de los humanos). Hombres y Divinidades, estaban juntos cohabitando y compartiendo vidas y aventuras. Se cuenta que, cuando Orun trazaba el límite Aiê, un ser humano tocó Orun con sus manos.

El cielo inmaculado de los Orixás había sido corrompido.

La blanca pureza de Obatalá se perderá!!!

Oxalá  fue a reclamar a Olorum

Olorum, Señor de los Cielos, Dios Supremo, con ira por la displicencia de los mortales, sopló enfurecido y su soplo Divino separó para siempre el Cielo de la Tierra. Así, el Cielo se separó del mundo de los hombres y nadie podría ir a Orun y volver de allá, con vida.

Y los Orixás tampoco podían venir a la Tierra con sus cuerpos. Ya estaba el mundo de los hombres y de los Orixás separados.

Alejados de los humanos los habitantes de Aiê, las Divinidades, entristecieron. Los Orixás extrañaban la vida entre los humanos. Fueron a quejarse ante Olodumare, y este acabó aceptando que volviesen a la Tierrra, de vez en cuando.

Para que eso sucediera, deberían hacerlo a través del cuerpo material de sus devotos. Fue la condición impuesta por Olodumare

Oxum, que siempre le gustaba venir a la Tierra a jugar y divertirse con las mujeres, compartiendo con ellas su hermosura y vanidad, enseñándoles hechizos para la seducción y el encanto, recibió de Olorun un nuevo encargo: preparar a lo mortales para recibir a los Orixás en sus cuerpos. Oxum hizo ofrendas a Exú, para que su delicada misión sea exitosa. De su éxito, dependía la alegría de sus hermanos y amigos Orixás

Vino a la Tierra y juntó a las mujeres a su alrrededor, las bañó con hierbas especiales, cortó sus cabellos, raspó sus cabezas, pintó sus cuerpos; y sus cabezas con pintitas blancas, como las plumas de conquén (gallina de angola). Las vistió con bellos paños y lazos, y las ornamentó con joyas y coronas. El Ori (cabeza), fue adornado además con una pluma Ecodidé, pluma roja, rara y misteriosa del papagallo.

En las manos, les hizo llevar abebés (espejos), dagas, cetros y en los brazos doradas indés (pulseras).  Sus cuellos fueron cubiertos por vueltas y vueltas de cerámicas coloridas y múltiples hilos con buzios, además de corales.

En la cabeza les puso un conito con los elementos y condimentos sagrados, que gustan los Orixás (adoxo). Eso atraería al Orixá al Ori de la iniciada y este podría volver tranquilo a Aiê.

Finalmente estas mujeres estaban feitas, estaban Odara ( bellas). Las Yawôs eran las novias más bonitas. La vanidad de Oxum estaba felíz. Estaban listas para los Orixás.

Los Orixás ahora podían manifestarse a través de sus inicadas, y volver con seguridad para Aiê. Los humanos hacían ofrendas a los orixás, invitándolos a venir a la Tierra y a los cuerpos de las Yawôs. Y mientras los hombres tocaban sus tambores, haciendo vibrar los batás y agogôs, sonando los xequerés y adjás, cantando y aplaudiendo, convidando a todos los iniciados a la rueda del xirê (rueda de iniciados danzando para los Orixás), los Orixás danzaban, danzaban, danzaban, iluminando sus cuerpos, sus vidas…


Los Orixás podían convivir con los mortales, denuevo!!!








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